“Una imagen vale más que mil palabras”
Esta frase toma cada vez más sentido en un mundo globalizado y de saturación publicitaria, que hace cada vez más difícil hacerse un hueco en la mente del consumidor.Más allá de las primeras campañas donde una mera descripción y enumeración de las ventajas del producto era suficiente, ahora hay que apelar a la parte más emotiva del receptor. Para lograr esto, la publicidad necesita servirse de imágenes, convirtiéndose así la fotografía en un servicio fundamental para el ámbito publicitario.
Pero para que esta contribución sea realmente efectiva hay que ir más allá de la “fotografía” para trabajar con una “buena fotografía”. Una imagen vacía, sin contenido, referencial , ya no será suficiente, deberá estar cargada de elementos simbólicos, creativos, valer más por lo que no dice que por lo que muestra.